¿Quiénes Somos?

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¿Quiénes Somos?

Somos descendientes de los primeros habitantes del territorio de Suba, hoy conocido como localidad 11 de la ciudad de Bogotá, nacimos del interior de las lagunas, espacios que son el vientre de nuestra madre Bachue quien nos doto de una naturaleza anfibia y durante generaciones  se siguió el legado de Bochica héroe que enseño las bases para construirnos como personas, muyscas. Sin embargo la fuerza de la historia nos trajo la permanente  invasión de nuestro territorio por parte de extranjeros y nos impuso la cultura de occidente la cual hoy se amalgama con nuestros saberes tradicionales; campesinos, agricultores, alfareros que se vieron obligados  tan solo a finales del siglo XX a transformar el mundo rural por la tumultuosa vida de la ciudad.

Somos las raíces de las familias que sobrevivieron al etnocidio al que nos vimos inmersos,  nuestros apellidos  Bulla, Bajonero, Cabiativa, Piracun, Nivia, Niviayo, Yopasá, Caita, Cuenca, Mususu, Neuque, Chisaba, Chipo, Caipa, Quinche, Cera, Landecho, Lorenzano, Rico, Ospina, Córdoba, Torres y Triviño son en su mayoría endémicos de aquellos dos cerros que dan la bienvenida al rio que baña la sabana, salvo aquellos que nos impusieron como parte de la erradicación de nuestro pueblo, lo que llevo a la extinción de algunos de estos apellidos; hoy la ciudad nos consume y pone en riesgo nuestras formas de vivir y nuestra misión es propender por la recuperación de los santuarios en los que residen los espíritus que mantienen la magia de esta tierra, por lo cual mantenemos viva la memoria de nuestras tradiciones y nos preocupamos por rescatar del olvido las enseñanzas que nuestro pueblo tiene para el presente.

Muyscas y la integración a la ciudad: Breve historia de la comunidad Muysca de Suba

El pueblo de Suba, se encontraba dentro de uno de los cuatro principales territorios de la confederación del Zipa de Bakata, siendo una de las poblaciones más importantes al contar con el Consejo Supremo de Justicia, el cual era presidido por el Ubzaque Suba. (Cacique de Suba). La importancia geográfica del pueblo de Suba en la confederación del Zipa, residía en el valor espiritual de la Laguna sagrada de Tibabuyes, (Tierra de Labradores) en la cual se celebraba la “Fiesta de las Flores”, donde asistían los caciques de Cota, Funza y Engativá a realizar sus ofrendas. (Cabildo Muisca de Suba, 1999).

En 1538, Llega Gonzalo Jiménez de Quesada, entabla conversaciones con el Ubzaque de Suba, y delega a los encomenderos Antonio Días Cardoso y Hernán Camilo Monsilva la “refundación” del pueblo de Suba hacia el año de 1550. Año en el cual empiezan las transformaciones socio-económicas de la comunidad, que llevaron en un primer momento a la implementación del modelo económico y político de la Encomienda y  Mita que duraron  más de 200 años hasta finales del siglo XVIII.  El 16 de abril de 1770 se prohíbe el idioma Muysccubun según cedula real del Rey Carlos III de España, haciendo que el idioma se extinguiera un siglo más tarde.  (LONDOÑO, 2005) Hacia mediados del siglo XIX los antiguos resguardos indígenas de la Sabana de Bogotá comenzarían a disolverse según la  ley “Sobre la abolición del tributo, i repartimiento de los resguardos de indígenas” que supuso en el caso particular de la comunidad Muysca de Suba la disolución y repartición el 16 de Noviembre de 1875 de su resguardo, (Del Castillo, 2006) subdividiendo el territorio colectivo en propiedades particulares a nombre de cinco familias. Este conjunto de familias se mantuvieron viviendo dentro de las tierras del antiguo resguardo, ahora nombrado municipio, dedicándose principalmente a labores de pastoreo y cultivo, heredando sus parcelas a sus descendientes o negociándolas con los nuevos actores sociales que llegaban poco a poco al territorio. (Gros, 2012, p. 62).

Hacia 1954 según decreto Ley 3640 los municipios aledaños de Suba, Bosa, Engativa, entre otros, se anexaron a Bogotá formando el  Distrito Especial según ordenanza número 7, estas tierras que durante largo tiempo fueron consideradas de poco valor, se convirtieron rápidamente en centros de atención  para constructores, inmobiliarias y constructores piratas. Suba, rápidamente se transformó en polo de desarrollo para la demanda de crecimiento demográfico y emigración que caracterizó la mitad del siglo XX. (Cabildo indígena Muisca de Suba, 1999) La urbanización rápida y salvaje del territorio en menos de tres décadas, produjo la trasformación de relaciones económicas, políticas, sociales y culturales entre los descendientes de las cinco familias, que ahora se auto reconocían bajo el etnonimo de “raizal”, figura alegórica que  permitía construir  fronteras de identidad de quienes habían nacido en el territorio y hacían parte de la comunidad (LONDOÑO, 2005, p. 361). Por otro lado, las familias que no vendieron sus tierras comenzaron a perder fragmentos y hasta la totalidad de ellas, debido a que abogados, tinterillos y agrimensores cuando eran contratados para efectuar particiones, legalizar herencias o establecer el plano de las posesiones, les cobraban con una porción de tierra, y así iban ampliando sus posesiones por medio de la compra de los terrenos vecinos o el ‘robo’ mediante artimañas jurídicas. Los que vendieron o perdieron sus tierras, se vieron obligados a insertarse a la economía local como trabajadores o arrendatarios de las haciendas. (LONDOÑO, 2005, p. 350)

La comunidad Muysca paso de oprimida a suprimida dentro de las narrativas oficiales de la Bogotá del Siglo XX, silenciando su presencia a nivel territorial, histórico y cultural en la región central del país.

“Aquí la comunidad Muisca, hemos sido muy vulnerados en mucho de nuestros derechos, todos han sido pisoteados, nos han quitado el territorio, la abuela (Benilda Bulla) cuenta que la sacaron casi a las malas de su territorio, a la mayoría les han quitado su territorio, el abuelo Félix muy triste lo sacaron de su territorio porque primaban otras cosas, aquí ya no hay el respeto de la ley de origen, de la ley del territorio, de la ley de la recuperación de los recursos naturales, de los cuidados, le cambiaron su casa ¡lo sacaron! entonces hemos sido desplazados” Mayora, Blanca Nieves.

Frente a esta problemática que día a día ponía en riesgo las relaciones ancestrales entre los Muiscas de Suba y sus terrenos, aproximadamente unas 250 familias comenzaron a organizarse bajo la figura de Cabildo indígena como una estrategia colectiva para proteger, revitalizar y reivindicar su pertenencia territorial como familias indígenas de Suba. El reconocimiento estatal se obtuvo en el año de 1991 de manos del señor alcalde distrital, Juan Martín Caicedo Ferrer, luego la Dirección General de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior conceptuó y avaló la existencia de la comunidad según oficio del 25 de enero de 1991, convirtiéndose en el primer Cabildo indígena reconocido dentro de una ciudad en Colombia.

Finalmente, como parte de ese proceso de revitalización cultural, la comunidad Muisca de Suba celebra los solsticios y equinoccios, teniendo como fechas importantes el 21 marzo y el 21 septiembre, siendo el primero el “año Nuevo Muisca” y el segundo las festividades de la “Luna resplandeciente”. Ambas celebraciones hacen parte de los antiguos ciclos de siembra y cosecha, como de los rituales de “La fiesta de las flores”, “La fiesta de iniciación” o “Ritual de la media luna”

 

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